La llamada. Ser convocada. Acudir.

 

Ser llamadas. Ser convocadas. Acudir.

Todo puede suceder cuando una acude. Ir a la casa del Fuego a recoger la llama eterna que nunca se extinguió, que siempre aguarda. Reconocer dentro de nosotras mismas aquella que nunca permitió que el fuego reinara radiante, aunque fuera en el último rincón. O que fuera rescoldo a la vista de todos, pero fuego al fin y al cabo. La que nunca olvidó la intención que alienta los pasos. Ser ese fuego, ser la que lo sostiene, ser la que lo transporta y lo ofrenda. Iluminar. Hacer luz y alumbrar. Dar a luz. Parirse. Forjar el intento.

Todas las tradiciones, cuentos, leyendas, mitos, escuelas de sabiduría, caminos espirituales… han dejado unos mapas. Más concretamente, Un Mapa. Una vía de acceso al conocimiento. El trazado de un camino que conduce al centro, al sí mismo, al alma, al hogar. La promesa de la quintaesencia.

La búsqueda del Grial, el camino del héroe, el proceso alquímico, la Mitología, el Arte, la Literatura, la Arquitectura….a lo largo de los siglos el ser humano ha vislumbrado ese trazado, y ha querido dejar como legado ese saber a través de diversos medios. El mensaje siempre es el mismo, “conócete a ti mism@”.

Todo empieza con una llamada. Un sentimiento de querer salir de la propia vida conocida y emprender un viaje que puede parecer exterior, pero siempre es interior. Un deseo de adentrarse en los parajes de lo desconocido y dejarse envolver por el misterio de no saber qué va a ocurrir, y sin embargo, que ese mismo misterio se convierta en el aliento.

Es el inicio del viaje y comienza dentro, con la certeza de que hay que abrir una puerta hacia esa convocatoria que nuestra propia alma concierta. Es una cita con una misma. Pocas cosas hay tan poderosas como la certeza de ser convocada.

A veces la salida es abrupta, puede parecer no intencional, algo nos empuja, algo nos secuestra o puede parecer que lo inesperado nos aboca irremediablemente a ello. Pero en el fondo de nosotras mismas sabemos que todo aquello que es falso, mecánico…todo aquello que es mentira, es también lo que abre la posibilidad del viaje.

El viaje es para “ir hacia” y también para “dejar atrás”. En todos los viajes, pequeños y grandes, de nuestra vida, deberíamos hacernos esta pregunta. ¿Qué suelto? ¿Qué abrazo?

A Perséfone y Kernel se las traga la tierra, Blancanieves es amenazada de muerte, Cenicienta recibe una no-invitación al baile, Alicia cae por una madriguera, Ariadna se adentra en el laberinto por amor, Caperucita y la Doncella sin manos van al bosque….Todas acuden hacia algo que pertenece a su mundo desconocido, algo que portan pero que desconocen que portan, algo que es la fuente de sanación.

Como dice Robert Johnson en su libro “El Rey Pescador y la Doncella sin Manos”; Los mitos nos solo diagnostican, sino que también prescriben.

En el camino siempre aparecen ayudantes mágicos, (un hada, una abuela, animales….) algo que aconseja y empuja. En el momento en que se dan los primeros pasos, una vez que el bosque tenebroso es atravesado, la ayuda aparece. El bosque tenebroso es el hoyo en el que se cae y del cual no sabe cuán profundo será, las zarzas que salen al paso y arrancan la ropa, las vueltas del laberinto, lágrimas….es un espacio donde ese misterio que nos había convocado nos engulle y nos prueba, nos lleva hasta la sabiduría de nuestros propios límites para comprobar que nuestra espacio es más amplio de lo que sabíamos, pero la cómoda vida conocida no nos había dejado experimentarlo. Nos deja el halo de que somos más fuertes de lo que pensábamos de nosotras mismas, que tenemos más recursos, creatividad y resiliencia de lo que jamás nos habíamos demostrado.  Y esa ayuda que aparece personificada, no es más que la profunda conexión con nuestra voz instintiva, intuitiva y ancestral. Puede aparecer fuera tanto en la vida misma como en los mitos y cuentos, pero siempre responde a esa convicción de que una comienza a ayudarse a sí misma.

Una vez que la pregunta de si acudiré o no es formulada, aparece la intención. El fuego. A la segunda puerta del camino la llamaremos el Fuego. Y en nuestro viaje con los Mapas de Avalon es encarnando por la Diosa Brigit, pues cada hito del camino bien puede corresponder también con un arquetipo. En cada paso, se pone en acción un aspecto de nuestro interior.

Ahora que la respuesta de si iré es sí, surge una nueva pregunta, ¿con qué intención? La intención es la llama, la conciencia de la llama. Es cuando comenzamos a vislumbrar lo que nos espera, aún no es tangible, pero sabemos que daremos con la salida del laberinto, el regreso a casa, el castillo….Creemos que ese es todo nuestro objetivo, y esta bien que así sea, olvidando a veces que es cada paso lo que nos esta transformando. Es necesario que esa intención no se extinga para seguir caminando.

En esta segunda puerta, nos topamos con Brigit, “La que sostuvo la llama”. Diosa Celta de la inspiración, la sanación, la partería. Sacerdotisa del fuego, musa de poetas y bardos, musa de herreros y forjadores, fundadora de escuela-templo de mujeres, portadora de báculo como peregrina, curandera y profetisa. Ella es la inspiración.

Por siglos su llama ha ardido en honor a ese fuego que portamos todas y que tenemos la responsabilidad de cuidar, de alimentar. Es solo el principio del viaje, pero como decía Pitágoras, “el principio es la mitad del todo”. O al menos lo parece.

Uno mi llama a la tuya.

Sofía.

En próximos post exploraremos las puertas que siguen a La Llamada y El Fuego;

El Laberinto, El Reino, El oráculo y La Magia.

 

BRIGIT. AVALON.

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