Divino Masculino

 

¿Quién descorrerá tu velo?
¿Quién acudirá a tu morada?
La cámara nupcial de suntuosas colchas, bordadas en hilo de oro extendidas, espera a los amantes. El lecho que sostiene la feliz consumación brilla para ellos.
Una vez fuiste un astado, un ciervo joven que por la gracia de la caza amorosa fuiste convertido en macho rey. El símbolo siempre encierra el misterio de los misterios, pues eras coronado por Ella y Rey en ella, redimido.
También te llamaron Hefesto, cojeas pero tus manos son hábiles trazadoras de los objetos que del otro mundo, querían nacer materia en este. ¿Qué hace un Dios cojo merodeando entre hombres? Ah! Pero tu cojera, era también tu realeza. No por tacha, ni era nada de lo que avergonzarse, sino el signo del rito sagrado que afianzó tu corona. La más bella entre las diosas, la que en la disputa de la manzana la mordió. La que había nacido en la isla encantada del cobre y había sido empujada hasta la orilla. Aquella a la que amaron los vientos, las fuentes que renuevan la virginidad y todos cuantos tuvieron el coraje de mirarla, te eligió. Hizo sus votos contigo, como musa del eterno artesano forjó su pacto, pues ella y él solo tenían un amo, eso los unía, su nombre era belleza.
Sobre el cielo un signo y un manto estrellado como trampolín, una vez fuiste Jesús. Revelador de velos, grande entre grandes, pequeño entre pequeños, Señor del Tiempo que viajó al pasado siendo del futuro, con la paciencia infinita de los que están destinados a ser incomprendidos y lo saben, y bajan igual. Con el amor infinito de los que tienen las respuestas y no las pueden regalar, por no traicionar el libre albedrío… y hacen parábolas por si alguien tiene oídos. Escogiste a la que aprende para que pudiera ser la que enseña. No había apegos en ti, no había miedo en ti. Uniros fue amplificar misiones cuyo legado perdurará el tiempo que la humanidad necesita para comprender la esencia de vuestro mensaje. Uniros fue un pacto y una elección libre, libre como ambos.
Te llamaron Dionisio, el toro. De nuevo cumpliendo el “protocolo”: madre conocida, mortal, repudiada…..padre desconocido, Dios, ausente…..Río, mimbrera y hazañas improbables desde el momento de nacer. A ti te honro, porque rescataste a Ariadna del cobarde Teseo. Sí, cobarde, porque abandonaste a la única que pudo impedir que Minotauro te engullera. Pero hace milenios que se adoptó esa vieja costumbre de forjar alianzas, siendo el trofeo un cuerpo de mujer. Con el alma no se puede mercadear, aunque muchas en ese trance creyeron perderla. Tú como dios toro la encumbraste por toda la eternidad.

Grande es el poder que por medio de tu intercesión la convirtió en la guardiana del norte, con su corona boreal relumbrando. Pues no abandonaste a pesar del desaíro, tu viejo cometido de guiar caminantes, encaminar peregrinos e hilar caminos. Y eso os honra a los dos.
Una vez fuiste Arturo…

CONTINUARÁ…

Sofía Gutiérrez.

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